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EL ATERRIZAJE OVNI DE JUAN GONZÁLEZ SANTOS: "ASTRONAUTAS", RAYOS PARALIZANTES Y DISTORSIÓN

José Antonio Caravaca (2015)


El 12 de marzo de 1981 la vida iba a cambiar bruscamente para Juan González Santos a sus 42 años de edad. Cómo podía imaginar este afable funcionario que aquella mañana iba a encontrase de bruces con unos “curiosos y nada sociables astronautas americanos”. Sobre las 10:45 AM conducía su furgoneta Ebro por la nacional 340 en dirección a Pelayo, barriada situada a las afuera de Algeciras, cuando vio a un lado de la carretera un "llamativo" resplandor que atrajo su atención. En un principio pensó que eran las luces de una ambulancia y que se había producido un accidente de tráfico al margen de la calzada, aunque bien entrado en el campo. A escasos metros del supuesto incidente se hallaban unos repetidores utilizados por radio y televisión. Nuestro protagonista detuvo su vehículo movido por la curiosidad, y al ir acercándose a pie a la escena comprobó que aquello no era producto de un percance como había imaginado.

Desde la carretera un extraño resplandor atrajo su atención

Frente a él, a menos de 25 m de distancia, protegido de la carretera por una hilera de eucaliptos, se hallaba un objeto resplandeciente, en forma de cúpula de unos 4 m de diámetro y 2 m de altura (aunque sumando las patas podía medir casi los 4 m de altura en total), con 5 ventanas circulares en su parte delantera, siendo mayor la del centro (50 cm de diámetro aproximadamente), que parecía girar en el sentido contrario de las agujas del reloj.

 

... HOUSTON TENEMOS UN PROBLEMA...

El intrépido algecireño anduvo en dirección al extraño artefacto, y por el camino pensó que tal vez podría tratarse de un modulo espacial americano con problemas, y ni corto ni perezoso decidió que podría saludar a los astronautas (SIC). Qué noticia para contar en el pueblo, seguía cavilando, un encuentro con el mismísimo Apolo XI y sus tripulantes. Sin embargo, a pocos metros del objeto, se serenó un poco y decidió contemplarlo detenidamente parapetado tras un pequeño murete de piedras. "El cacharro -comentó Juan González al veterano investigador Gómez Serrano en una de las primeras entrevistas que le concedió- se apoyaba en unos soportes que parecían metálicos y telescópicos de mayor a menor rematando estos en unos pies o base en forma de cuenco. Todo ello -prosigue el testigo- era perfectamente visible desde donde yo me encontraba, que sería a unos quince o veinte metros del objeto ese posado en tierra. El color de éste era gris metalizado como el aluminio bruñido. Aquel cacharro no tenía junturas ni tornillos o cualquier otra cosa que me fuera familiar. Aquello era un todo. Se veía compacto y solido, era increíble, allí en mitad del campo y a plena luz del día".

Imagen izquierda: el autor del reportaje en el mismo lugar desde el que Juan González se detuvo a observar el OVNI. Imagen derecha: el artefacto de aspecto metálico tenía varias ventanas circulares y un símbolo, que el testigo describió como muy parecido a una esvástica de color negro. (Maqueta realizada por el artista Marcos Nicieza)

"En el costado izquierdo -continúa con su relato- se observaba un escudo o emblema de color negro, aunque no puedo acordarme que podía representar. Lo único que sé es que jamás había visto cosa igual en algún otro cacharro o vehículo que se le parecieran (el símbolo tiene semejanza con una cruz gamada achatada)". A través de las ventanillas, nuestro testigo se percató de la existencia de varios seres en el interior de la nave: "sólo podía verles del pecho para arriba ya que las ventanillas tapaban el resto del cuerpo, por lo que no pude verles las piernas. Sobre la cabeza les veía yo que llevaban un casco ajustado a la misma, parecido al que usan los submarinistas, y lo más curioso de todo ello, era que por la parte de la cara tenían como un cristal transparente pero amoldado al rostro y destacando los rasgos de estos ...el traje era de color marrón(...). Intenté saltar la tapia de piedras y alambres de espinos allí existente que, como usted sabe, sirven para separar las lindes y parcelaciones del campo, cuando de pronto de una de las antenas laterales de esta máquina salió una "yampá" de luz (se refiere a un haz de luz de apariencia solida) que me hizo detenerme en contra de mi voluntad. Intenté repetir la operación (el amigo Juan González no se achanta fácilmente) y de la otra antena salió otra "yampá" de luz que me hizo llorar, lagrimeándome mucho los ojos, y ver lucecitas de colores por todas partes además de producirme un fuerte dolor en la parte central de mi frente. Pero lo más extraño -continúa Juan- era que no podía moverme para ningún sitio (se repite de nuevo la paralización), aunque los brazos yo los movía. De manera que me quedé quieto porque me parecía que los sujetos que yo veía dentro de aquella máquina no querían que me acercara".

Cuando el testigo quiso acercarse al artefacto, de su parte superior surgió un rayo de luz que se lo impidió.

Los “americanos”, 4 o 5, según Juan González parecían conversar entre ellos mientras no dejaban de mirarle. El humanoide que se hallaba en el centro, justo en la ventanilla de mayor tamaño, fue el sujeto que mejor observó nuestro testigo pues en todo momento estuvo frente a él, parecía llevar unas “orejeras parecidas a unos auriculares”. Aunque parezca inaudito, nuestro testigo no pensó en aquellos momentos que se hallaba ante algo extrahumano. Tras unos 15 ó 20 minutos de observación, las patas y la escalerilla central se replegaron y el objeto, tras unos instantes estático en el aíre, comenzó a elevarse. "El cacharro aquel era totalmente silencioso pues estuve frente a él unos doce minutos y no escuche nada de ruidos. Sin embargo, añade, cuando el objeto empezó a trepidar (en el momento del despegue) con movimientos ondulantes, parecía que emitiera un silbido, como de aire comprimido, acompañado de una fuerte manga de aire absorbente que dejo un fuerte olor como a electricidad quemada (¿ozono?) que no sabría explicar muy bien".

Esta apariencia tenían los seres de aspecto humano que fueron vistos dentro de aquella máquina. Boceto adaptado a partir de una ilustración realizada por el testigo y oficial de policía Herbert Schirmer, quien curiosamente el 3 de diciembre de 1967, en Ashland, Nebraska (USA), tuvo un particular encuentro con unos humanoides cuya descripción recuerda notablemente a los individuos reportados por el gaditano muchos años después, tanto en la vestimenta como en el extraño "aparato" que poseía en las orejas. (Ilustración: Schirmer; modificada)

Juan González añadió al final de la entrevista un detalle muy importante que me corroboró en una entrevista personal que mantuve con él a mediados de los años noventa: "durante el tiempo que estuve junto a la empalizada no escuche ningún ruido. Ni del artefacto aquel, ni de los coches circulando por la carretera general 340. A pesar de tener la carretera a unos treinta metros, no escuché ningún ruido pero tampoco vi pasar coche alguno, ni para Algeciras, ni para Tarifa. Aquello sí que era extraño. El silencio que yo notaba era impresionante. No se movían ni las ramas de los árboles ni las hojas tampoco". Este dato hay que tenerlo muy en cuenta, ya que la carretera general Cádiz-Algeciras es de las más transitadas de la comarca.

Los investigadores Gómez Serrano y J.J. Benítez encontraron tres huellas en el terreno, producidas por un objeto de varias toneladas, y en algunas hojas de su interior se podía apreciar aun la forma de la base redondeada, en forma de cuenco, de las patas.

J.J. Benítez en compañía del veterano investigador Andrés Gómez Serrano (en la foto, a la derecha del testigo) encontraron en la zona tres huellas que coincidían con el relato de Santos. Además las hojas de su interior estaban aplastadas de la misma forma que tenía el supuesto tren de aterrizaje del OVNI. (Cortesía J. J. Benítez)

Gómez Serrano mostró al testigo gran cantidad de fotografías y dibujos de OVNIs para que éste intentara identificar el objeto que observó. Juan González, tras hojear varios libros, escogió la instantánea de un OVNI observado en la localidad italiana de Génova, y que fue enviada de forma anónima al periódico italiano “Domenica del Corriere”, el 23 de junio de 1963, sin ninguna otra información adicional. En la fotografía, que para muchos investigadores es auténtica, se aprecia un objeto metálico posado en tierra apoyado en tres patas telescópicas.

Cuatro años después de su experiencia, de nuevo Juan González fue testigo de un incidente OVNI, cuando en septiembre de 1985, el depósito de agua de la ciudad, que se halla en las afueras, fue sobrevolado durante varios días por un extraño objeto multicolor que giraba sobre sí mismo. Según el testigo, el objeto "era como una rueda giratoria muy grande, de un diámetro aproximado de ochenta metros".

El autor del reportaje (centro) junto al testigo (de pie) y el investigador Pablo Villarrubia (derecha) en el lugar exacto donde aterrizó el extraño artefacto (2008)

 

OTROS CASOS CON COMPONENTES SIMILARES

El caso paralizante de Antonio Manzano

A escasos kilómetros de donde ocurrió al avistamiento del apreciado González Santos tuvo lugar la experiencia de Antonio Manzano, antiguo piloto militar que también sufrió en sus carnes la realidad incuestionable del Fenómeno OVNI. Ocurrió el 16 de octubre de 1959 cuando Manzano se encontraba de caza en los montes colindantes a Algeciras. "Era de madrugada, cuando vi un objeto en forma de dos platos soperos colocados uno encima de otro, con una especie de pequeña cúpula en la parte superior". "Junto a este artefacto -detalla Antonio Manzano al investigador navarro J.J. Benítez, que recogió el caso en su clásico “La Punta del Iceberg”- había un ser que yo calculo mediría más de dos metros y que permanecía inmóvil, dándome la espalda... Me llamó la atención su traje. Parecía de vidrio o platino... Al cabo de uno o dos segundos aquel ser -de formas humanas- se dirigió hacia al objeto desapareciendo por debajo del mismo. Lo que más me sorprendió es que yo no podía mover un solo dedo. Me había quedado paralizado, con la linterna en la mano... Aquella situación duraría entre tres y cuatro minutos. El tiempo que empleó el OVNI en elevarse y desaparecer de mi vista".

"Eran las tres de la madrugada -continúa con su relato Antonio Manzano. Recordaré toda mi vida la hora, porque el reloj -un Longines- ya no volvió a funcionar mas, se había parado a las tres. Cuando me acerqué donde este aparato había estado posado, la hierba parecía mustia, como si la hubiera trillado un caballo durante horas. Y un detalle que no se me pasó por alto, yo estaba acostumbrado a oír los ladridos de los perros de los cortijos cercanos de la zona. Bueno pues en aquel momento, allí había un impresionante silencio, no se escuchaba nada, todo estaba como yo me sentí paralizado".

Boceto del OVNI y ser observados por el piloto en Algeciras

Abatido por un OVNI

Un caso que guarda grandes semejanzas con el de nuestro querido amigo algecireño Juan González Santos, nos hace saltar el charco y retroceder en el tiempo varios años. Concretamente a la madrugada del 15 de marzo de 1965 y a Florida (E.E.U.U.). El notable investigador Donald Keyhoe, nos lo trae a colación en uno de sus escritos: "El testigo de este inusitado encuentro con un OVNI fue James W. Flynn, ranchero y entrenador de perros que vivía en Fort Myers, Florida. La noche del 14 de marzo de 1965, Flynn estaba acampado en los Everglades. Ya había pasado la medianoche cuando vio un objeto brillante e iluminado que descendía a un par de kilómetros de distancia. Creyendo que debía de ser un avión con problemas, puso en marcha su vehículo de los pantanos y fue hacia la luz, que era visible a través de los arboles. A medio kilometro de distancia abandono el vehículo y siguió a pie. Al ir acercándose, Flynn vio que el objeto no era un avión sino una gran máquina en forma de cono que flotaba silenciosamente a poca distancia del suelo. Tenía unos 25 metros de diámetro y unos 10 o 15 metros de altura. Se podían ver cuatro hileras de ojos de buey o ventanillas, a través de las cuales surgía una luz amarillenta"

"Cuando Flynn se acercó oyó un sonido zumbante, pero no pudo ver ni equipo ni ocupantes, pues parecía haber un panel o pared justo detrás de las ventanillas. Al cabo de varios minutos Flynn comenzó a aproximarse al OVNI. Mientras se adentraba en el círculo de luz alzó una mano, pretendiendo que esto fuera un gesto amistoso, por si estaba siendo observado. Instantáneamente, un estrecho haz de luz centelleó procedente de una de las ventanillas bajas. Le dio de lleno en la frente, derribándolo por tierra, inconsciente. Cuando despertó, horas más tarde, estaba parcialmente ciego. Tenía un doloroso hematoma allí donde el rayo de luz le había alcanzado. El OVNI se había ido, pero se veía un área chamuscada donde había estado flotando. Y también habían ardido las copas de los arboles más cercanos. Flynn consiguió regresar a Fort Myers, donde pasó cinco días en un hospital. Además del golpe en la frente y la pérdida de visión, se descubrió que sufría una merma en los reflejos de los músculos involuntarios y los tendones. El área chamuscada fue hallada tal como fue descrita por Flynn. Y también las copas de los arboles incendiadas, que se hallaban de diez a doce metros del suelo. También fueron descubiertas marcas de raspaduras en varios troncos de árboles, lo que indicaba que un objeto pesado los había rozado al descender..."

El haz de luz dejó inconsciente a James W. Flynn

Luces mortíferas

Estas "hostilidades" por parte de los OVNIs son más frecuentes de lo que pueda parecer en un principio. La casuística OVNI habla por sí misma. En España tenemos otro caso que enlaza perfectamente con los episodios narrados anteriormente. Pero en esta ocasión las repercusiones derivadas del misterioso haz de luz, son más dramáticas.

De la mano del buen amigo y reportero Iker Jiménez, autor de la magnífica serie de libros “Enigmas Sin Resolver”, conocimos los pormenores de la aterradora historia del niño de Tordesillas. En esta ocasión, un pueblecito de Valladolid iba a ser escenario de este nuevo capítulo de las idas y venidas de estos misteriosos cacharros aéreos.

Todo comenzó la tarde del 1 de octubre de 1977, cuando Martín Rodríguez Rodríguez de 7 años de edad, jugaba con varios amigos en los alrededores del pueblo. Junto a Fernando Carabelos, decide esconderse en un viejo corral existente en la Carretera Nacional-122. Aquella decisión, sin dudas marcaría para siempre la vida de este niño. Antes de entrar en el abandonado recinto, deciden tirar una piedra por el tejado inexistente para comprobar si había alguien en su interior. Tras arrojarla, un sonido seco y metálico retumba en el silencio. Los dos jóvenes sin intercambiar palabras deciden entrar a investigar...

Mudos debieron quedar, cuando en el interior de la choza oscura y sin techumbre, observan un objeto metálico en forma de lágrima, en cuya parte superior había varias ventanillas en forma de ojo de buey, de las que surgía una luz rosa-azulada. El estrafalario objeto se sustentaba en tres patas gruesas, y en su centro tenía una puerta dividida en dos, parecida a la de los ascensores (sic). Los dos chicos atónitos ante el objeto que emitía luces de variados colores, observaron como en su parte derecha poseía un juego de tubos metálicos por los que emanaban "gases condensados". Tras unos minutos de pétrea observación, el objeto comienza a vibrar y a elevarse lentamente. En ese momento la fatalidad. Del centro de la lágrima metálica, surge un fino haz de luz que se proyecta hasta el estómago del desdichado Martín. Su amigo poco puede hacer para evitarlo. "La sensación que tuve -confesó 21 años más tarde Martín Rodríguez a Iker Jiménez- fue de que algo se me metía en el interior de la tripa. Algo que me dejaba enganchado sin permitir moverme adelante ni atrás. Fue entonces cuando empecé a marearme y a sentir que se me iba el sentido. Esa fue la última imagen que tuve. Creo que caí hacia atrás al tiempo que aquello aceleraba recto y en vertical hacia el cielo mientras las patas se metían dentro del aparato". Tras la marcha del objeto un fuerte olor a azufre impregnó el lugar. El joven Martín tumbado en el suelo cerró los parpados mientras el objeto desaparecía a lo lejos. Las consecuencias de la "agresión" no se hacen esperar. Martín es ingresado en el hospital en estado de coma. Logra superarlo, pero tiene pérdida de visión y constantes vómitos. Es operado a vida o muerte en varias ocasiones y milagrosamente salva la vida ante el desconcierto generalizado de los facultativos que le atienden. Actualmente unas profundas cicatrices son mudas testigos de aquella estremecedora vivencia.

Reconstrucción ilustrada del caso del niño de Tordesillas, sin duda uno de los episodios OVNI mas extraños registrados en nuestro país y de nuevo como elemento inquietante un haz de luz emitido desde el artefacto

 

EL CASO DE JUAN GONZÁLEZ Y LOS EFECTOS DE LA DISTORSION

En las sucesivas entrevistas que mantuve con Juan González Santos me explicó por qué pensaba, en un primer momento, que aquella aeronave podía pertenecer a la NASA. Al parecer, poco tiempo antes de producirse su avistamiento, el testigo había visto un extenso documental en la televisión sobre la llegada del hombre a la Luna y pensó que aquel artefacto que estaba posado en mitad del campo podía ser un modulo espacial norteamericano. Pero estos no fueron los únicos datos de interés que me facilitó Juan González Santos para poder realizar una reinterpretación de su singular y espectacular experiencia. Bajo el prima de la teoría de la Distorsión, que plantea que un agente externo desconocido conforma y construye las experiencias de encuentros cercanos en función de los recursos, información e imágenes inconscientes del testigo, podemos rastrear el verdadero origen de cuanto observó y relató el testigo. Veámoslo en imágenes...

Tal como comprobamos en la presente imagen la disposición de los elementos observados por Juan González Santos en el OVNI coinciden casi a la perfección con los del modulo espacial de la NASA. Y no hay que olvidar que el propio testigo identifica en un primer momento el objeto como una aeronave estadounidense. Indudablemente la participación de un agente externo desconocido, que "distorsiona" el material inconsciente del testigo, a través de un proceso de construcción creativo parecido al que se experimenta en una representación onírica, posibilita que el testigo piense que se halla ante algo totalmente desconocido, externo e independiente a su presencia como observador cuando en realidad esta información ya esta contenida en su propia psique.

 

El tren de aterrizaje del artefacto también tiene su correspondiente equivalencia en el modulo espacial estadounidense. Este elemento singular "incorporado" al relato de Santos no deja lugar a dudas sobre su origen...

 

El testigo aseguró que los humanoides iban enfundados en un traje que les cubría incluso la cabeza, donde destacaban unas protuberancias que parecían "auriculares". Curiosamente igual que los astronautas...

 

Juan González Santos destacó que el OVNI tenía en su parte superior dos protuberancias que lanzaban destellos muy parecidos a las luces de emergencia de una ambulancia. Curiosamente el testigo era voluntario en la Cruz Roja y frecuentemente ayudaba en tareas de auxilio y apoyo con el cuerpo de Bomberos, policías y ambulancias. Por tanto estaba mas que habituado a presenciar este tipo de dispositivos luminosos. En la imagen hacemos la comparación con el vehículo de la Cruz Roja que en aquellas fechas utilizaba el destacamento al que pertenecía el testigo.

 

El testigo era un gran aficionado a la historia y concretamente a la Segunda Guerra Mundial, por lo que no sería muy extraño que tuviera presente en el momento de su experiencia el símbolo mas representativo de dicho conflicto, la esvástica.

 

 

REFERENCIAS

BENÍTEZ, J. J. (1983): La punta del iceberg. Planeta, Barcelona, 210 pp.

CARAVACA, J. A. (2014): La teoría de la distorsión…una nueva visión de los encuentros cercanos con OVNIs.

GÓMEZ SERRANO, A. (2000): OVNIs, 50 años de investigación en el campo de Gibraltar. Antakara, 213 pp.

JIMÉNEZ, I. (1998): El niño de Tordesillas. En: Enigmas sin resolver, Edaf, Madrid.

KEYHOE, D. y LORE, G. I. R., Jr. (1969): The Everglades Case. En: Strange Effects From UFOs, a NICAP Special Report. NICAP, Washington, D. C., 12-16.

KEYHOE, D. (1973): Aliens from Space…the real story of unidentified flying objects. (trad. 1974). Los Desconocidos del Espacio. Pomaire, Barcelona.

 

 

© José Antonio Caravaca. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin previa autorización del autor.



DOCUMENTOS EXTRA RELATIVOS AL CASO

Comparación entre el objeto descrito por Juan González y la fotografía OVNI obtenida en Italia en 1963, que fue señalada por el testigo como la que mostraba el objeto más parecido al que él presenció: