ARTÍCULOS

EL ESTUDIO CIENTÍFICO DE LAS HUELLAS EN EL TERRENO

Víctor Martínez (2011)

INTRODUCCIÓN

De todos los efectos físicos ligados a las manifestaciones OVNI, las huellas o rastros sobre el terreno son tal vez las que posibilitan el mayor acercamiento científico al fenómeno. Y es que, el hallazgo de quemaduras, depresiones o marcas circulares, ha sido asociado en multitud de ocasiones al avistamiento de un extraño objeto o luz (fig. 1). Dichos sucesos han sido recogidos en diferentes catálogos de casuística a lo largo del mundo.

A pesar de existir casos muy bien estudiados que parecen demostrar científicamente la existencia de un evento con componente física absolutamente desconocido por la ciencia, hay también serias dudas sobre la validez de dichos estudios y las causas reales de tales huellas.

Por otro lado, materiales o artefactos supuestamente procedentes de los OVNIs han sido hallados y estudiados en algunas ocasiones, aunque los mismos no son tratados en el presente trabajo, al considerarse que merecen un informe aparte. Así, el impacto directo de los OVNIs sobre el terreno y sus posibles consecuencias ambientales derivadas serán el aspecto a tratar aquí.

En el trabajo se repasan las publicaciones más importantes que se han hecho en el campo de los supuestos efectos de los OVNIs sobre el terreno, resaltando las cifras y datos más relevantes que estos estudios han arrojado, con el fin de obtener así una visión global de este tipo de efectos. Una vez completado dicho objetivo, se señalarán los defectos de método de los que adolece este campo y se realizará una exposición de las implicaciones que conllevan los resultados obtenidos tras años de estudio.

Fig. 1. Una quemadura en la carretera está siendo inspeccionada por varios policías. Sucedió el 21 de abril de 1967 en South Hill (Virginia, Estados Unidos), cuando un hombre se topó con un extraño objeto posado sobre el asfalto, el cual ascendió y desapareció cuando las luces del coche del testigo lo alumbraron.

 

CASUÍSTICA A LO LARGO DEL MUNDO

Trace Catalog

Desde 1968, Ted Phillips, quien trabajó como Inspector del Departamento de Carreteras de Missouri, ha dedicado sus investigaciones ufológicas al estudio de los rastros asociados a avistamientos OVNI (fig. 2). Bajo tal propósito, en 1998 fundó el Center for Physical Trace Research (Centro para la Investigación de los Rastros Físicos), el cual posee el catálogo mundial más amplio de este tipo de eventos. Para visualizar adecuadamente las conclusiones obtenidas a partir de este catálogo, es conveniente remontarse a los resultados logrados en las etapas iniciales del mismo y repasar su evolución con los años.

Los primeros resultados públicos del TRACAT (Trace Catalog/Catálogo de Rastros) se basaban en el análisis estadístico de 392 sucesos provenientes de 30 países (Phillips, 1972). Phillips escribía: "como los efectos en el suelo no vuelan, dejando sólo el informe visual de los testigos, y como ellos pueden ser medidos, fotografiados y estudiados, siento que los rastros físicos representan una parte sumamente importante del problema OVNI". La distribución por países colocaba como la primera fuente de reportes a Estados Unidos (132), seguido de Canadá (42), Francia (34), Australia (33), España (24) y Argentina (22).

Este primer estudio estadístico de 1972 ofrecía multitud de datos numéricos referentes a la hora del avistamiento, meses de ocurrencia, diámetro del área afectada, duración del avistamiento, distancia testigos-OVNI, o al tipo de efectos sobre el terreno; los cuales pueden ser consultados acudiendo al citado informe. Como datos altamente importantes, destacaban los 65 casos que contaban con presencia de supuestos ocupantes y los 60 que contenían además algún otro tipo de efectos apreciados (sobre animales y humanos, además de mecánicos o electromagnéticos). A priori, esos números aumentaban considerablemente el grado de extrañeza de una buena cantidad de sucesos, al contener éstos otros elementos de carácter anómalo además de las huellas o rastros en el suelo. En referencia a estas huellas, Phillips comentaba: "El anillo es quizás el tipo más interesante de rastro físico reportado. Los anillos son encontrados quemados, deprimidos o con plantas o tierra deshidratadas. Varían de 0,58 m a 16,1 m en diámetro, y sólo el perímetro exterior o una estrecha banda están dañados. El suelo circundante y central está normal". Bajo esta definición de huella, el informe listaba hasta 37 sucesos.

El ufólogo español Ballester Olmos trabajó sobre los primeros resultados ofrecidos por el TRACAT (Ballester, 1972), descubriendo que las dimensiones de los OVNIs estimadas por los testigos presentaban el mismo orden de magnitud que las medidas como diámetro de las huellas circulares, por lo que el autor desechaba un fenómeno aleatorio en base a errores y fraudes como origen de dichos casos.

Fig. 2. Círculo en el terreno, correspondiente al controvertido encuentro cercano de Delphos (Kansas, Estados Unidos), sucedido en 1971, que refiere al avistamiento de un extraño objeto con forma de “seta”, aspecto metálico y luces de colores. Se trata de uno de los sucesos mejor estudiados por Ted Phillips.

En un estudio posterior (Phillips, 1974), se actualizaba la cifra del catálogo a unos 700 casos procedentes de 35 países y se realizaba una exposición y análisis estadístico de los sucesos de 1973. Además, el autor exponía sus bases de calidad de la información: "La selección de los casos es de gran importancia. He establecido los siguientes estándares: observación por no menos de dos testigos; distancia testigo-OVNI de no más de 500 pies (152,4 m); duración de la observación de no menos de un minuto; buenas condiciones de observación; huellas de aterrizaje carentes de explicación natural inmediata". Aunque Phillips siguió estas condiciones a la hora de hacer listados de los casos más importantes del catálogo, lo cierto es que éste contenía y contiene un gran número de avistamientos protagonizados por un solo testigo.

A pesar de la exposición de los resultados comentados, la primera presentación pública del grueso del catálogo, con la exposición de 561 de los casos registrados, no se dio hasta 1975 (Phillips, 1975). Por entonces, el proyecto contenía ya más de 800 sucesos listados.

Cinco años más tarde, el catálogo contaba con 1525 casos de 52 países (Phillips, 1980). Respecto a las huellas, el ufólogo actualizaba los resultados: "El 77% de los lugares de aterrizaje eran circulares con diámetros de 1,2 a 13,7 m. Estas áreas son descritas como quemadas (49%), deprimidas (33%) o deshidratadas (18%). Tal vez los casos más interesantes son los sitios deshidratados. Muchos de los sitios no absorberían agua hasta un año después del evento reportado". Conviene reseñar que en este nuevo informe, el autor situaba en un 39,2% el porcentaje de sucesos que contaban con dos o más testigos.

Un lustro después, la cifra de sucesos era de 2677 (Phillips, 1985), y a comienzos del siglo XXI el número ascendía a 3059 casos procedentes de 91 países y abarcando un amplísimo rango temporal (1490-2004) (Phillips, 2004). De los numerosos resultados estadísticos actualizados que son mostrados en el informe de 2004, destaca el pico máximo de casos albergado entre los años 1970-1979 (1109 sucesos), seguido a mucha distancia por la segunda etapa más prolífica, 1960-1969 (534 casos). En referencia a la distribución por países, los primeros son: Estados Unidos (979), Francia (245), Canadá (214), Brasil (199), Italia (184), Australia (168) e Inglaterra (168). Comparando con los datos del informe inicial de 1972, se observa que las tres fuentes más importantes se mantienen (Estados Unidos, Francia y Canadá; fig. 3), y destaca sobre todo la ausencia de España, que no aparece ni siquiera entre los diez primeros (Venezuela ocupa el número diez con 93 sucesos).

Por otro lado, en lo que refiere a aspectos directamente relacionados con la extrañeza de los sucesos, los que cuentan con múltiples testigos mantienen un porcentaje casi idéntico al señalado en 1980, siendo de 40,4% (1236 casos). Las estadísticas de 2004 también confirman lo adelantado veinticuatro años atrás: configuración circular de las huellas (78,7%) como la mayor constante de las mismas, así como quemada (47,7%) y deprimida (40%) como los estados más habituales de estas marcas. Phillips comenta en el informe: "La mayoría de los eventos cuentan con una observación de 2 a 5 minutos, con el objeto a menos de 20 metros de distancia". Aparentemente, estos resultados indican una extrañeza más que suficiente como para pensar que el catálogo contiene realmente sucesos de gran interés.

Fig. 3. Francia es uno de los países con investigación ufológica más activa. En la foto, un investigador recoge muestras en un campo de lavanda de Valensole, lugar donde el agricultor Maurice Masse se topó con un objeto oval y dos pequeños seres. El caso sucedió en 1965.

Otros estudios

Recopilaciones dignas de mención son las de Richard Hall, a pesar de tratarse de listados muy generales. Así, en su estudio sobre las mejores evidencias ufológicas que abarcaban los años 1947-1963 (Hall, 1964), expuso una lista de hasta 17 sucesos con huellas o rastros, la mayoría de ellos tomados de la oleada francesa de 1954. Posteriormente, en su segundo voluminoso volumen sobre los sucesos producidos entre 1964 y 1993 (Hall, 2001), listó una muestra de 48 nuevos casos de huellas y efectos sobre el terreno producidos a lo largo de todo el mundo. Además de dichos ejemplos, otros reportes con claros efectos sobre el terreno eran expuestos a lo largo de otras secciones de los mismos estudios.

A parte de los mencionados listados generales de Hall, existen otras interesantes aportaciones de carácter local, lo que también posibilita un tratamiento más profundo de cada uno de los casos expuestos. Ese es el caso de países como Australia (Chalker 1981 y 1998) o Italia (Verga, 1992).

Respecto a España (y en menor medida Portugal), el primero en ofrecer información de calidad respecto al tema fue Ballester Olmos (1978), quien en su catálogo de 200 aterrizajes de OVNIs en la Península Ibérica tabuló hasta 44 informes con rastros o huellas. El autor dividió estos efectos en cuatro tipos: huellas de trípode (7 casos), huellas circulares (11 casos), huellas especiales (7 casos) y huellas irregulares (19 casos). Sin embargo, la cifra más actualizada en cuanto a registros con presencia de huellas parte de la depuración, actualización y ampliación del anterior catálogo. Se trata del LANIB (new catalogue of LANding reports in the IBerian península/nuevo catálogo de informes de aterrizaje en la Península Ibérica) (Ballester y Fernández, 1987), sobre el cual uno de sus autores ofreció diversos datos referentes al estudio estadístico de los casos de huellas (Ballester, 1990). De acuerdo a dichos resultados, de los 238 sucesos del catálogo, 52 llevaban asociado el hallazgo de marcas sobre el terreno.

Para terminar este repaso a los catálogos y estudios relacionados con las huellas en el terreno, citaremos unas palabras de Ballester Olmos refiriéndose a la importancia de estos rastros: "Constituyen una prueba objetiva de la realidad del OVNI como ente dotado de masa y energía, que transforma su entorno de forma apreciable." (Ballester, 1978).

 

DEFECTOS Y PROBLEMAS DEL ESTUDIO DE LAS HUELLAS

A pesar de la enorme seriedad de las recopilaciones y estudios citados, los cuales ponen de manifiesto la importante presencia de rastros físicos ligados al fenómeno OVNI, la determinación y evaluación de las causas de dichos efectos presenta serios problemas que ponen en duda la aplicación científica de las informaciones obtenidas.

El famoso "Informe Condon" de la Universidad de Colorado (Condon y Gillmor, 1969) ya adelantaba el escepticismo reinante respecto a la capacidad de poder llegar a dilucidar algo relevante mediante el estudio de las huellas en el terreno: "[…] En otros casos, la realidad de una huella, de un tipo que concebiblemente podría haber sido producida por un gran platillo o por un ser de un patillo, fue evidente. Sin embargo, en todos esos casos, fue imposible establecer como reales las pretensiones de que las huellas fueron en realidad hechas por un objeto o ser extraordinario". Además, el informe lo dejaba todavía más claro con las siguientes líneas: "Generalmente no existen pruebas físicas que puedan ser aplicadas a las zonas de aterrizaje de platillos propuestas para probar el origen de las huellas".

Incluso los estudiosos citados en líneas anteriores mostraban sus dudas sobre un elevado número de sucesos. Así, Hall puso de manifiesto sus reticencias sobre los informes de huellas: "En la mayoría de los casos, la investigación científica de estos informes ha estado totalmente ausente. Por tanto, no se afirma que ellos prueben nada." (Hall, 1964; subrayado mantenido del original). No obstante, el autor llamaba a continuación la atención sobre la existencia de sucesos similares informados a lo largo del mundo y la necesidad de un mayor estudio de los mismos. Igualmente, aunque el número de eventos registrados en el TRACAT era ya enorme a finales de los setenta, Phillips advertía que de los 1477 sucesos sólo 68 ofrecían un alto nivel de extrañeza, de los cuales 55 presentaban insuficiente información, 7 eran de explicación probablemente desconocida, y finalmente 6 eran debidos a causas desconocidas (Phillips, 1979).

Uno de los mejores trabajos críticos es el de Maurizio Verga (1984 y 1988), quien comentaba dos fundamentales problemas sobre el asunto: la cuestionable calidad de la investigación de estos sucesos y el dudoso origen de las huellas cuando su realidad física estaba fuera de toda duda. Y es que, Verga listaba diferentes posibles causas para estas marcas, que pueden ser naturales (hongos, tornados, aspectos geomorfológicos, etc.) o antrópicas (productos químicos, fuegos, etc). Además, el autor italiano distinguía entre las huellas asociadas a un fenómeno OVNI y aquellas cuya asociación era indirecta, realizada tiempo después del avistamiento. Es así como, según Verga, existen aspectos psicológicos que pueden inducir al origen de falsos reportes, como el fuerte deseo de un testigo de encontrar pruebas que soporten su caso, lo que le lleva a identificar un fenómeno natural o artificial como una falsa huella OVNI, o el sistema de creencias de los ufólogos, el cual interferiría perjudicialmente en su investigación. Además, el autor destacaba la también existencia de fraudes deliberados.

A similares conclusiones había llegado Allan Hendry (1979). El autor realizó un estudio de 1307 casos, de los cuales 36 eran sucesos que por diversas razones no eran tenidos en cuenta, 113 correspondían a OVNIs y nada menos que 1158 a OVIs (Objetos Volantes Identificados). Así, Hendry listó las múltiples causas que habían dado origen a los 23 casos de OVIs (un 2% de los 1158) enmarcados dentro de los Encuentros Cercanos del 2º Tipo (aquellos con algún tipo de efecto físico asociado). Dichas explicaciones eran realmente variadas: estrellas, aeronaves convencionales, meteoritos, la luna, reentradas de cohetes, avionetas publicitarias, o globos, entre otras. Además, el autor comentaba casos estudiados por él en los que se había alertado sobre presencia de extrañas huellas en ausencia de un avistamiento asociado. Hongos, vertederos de basura carbonizada y hasta una motocicleta eran algunos de los causantes de dichas marcas en el terreno. Por último, para los únicos 2 casos de OVNIs (1,8% de los 113) englobados bajo la etiqueta de Encuentros Cercanos del 2º Tipo, el autor sugería explicaciones coincidentes con las mencionadas años después en los comentados trabajos de Maurizio Verga.

También Ballester (1990) hacía mención a este tipo de causas en referencia a los casos de huellas del LANIB: "El rayo globular, torbellinos, vórtices de Meaden, efectos ambientales dramatizados, etc., deben incluirse en la nómina de las potenciales explicaciones para -al menos- una gran parte de estos casos".

En referencia a las explicaciones naturales referidas por los anteriores autores, los hongos han sido los mejor estudiados, pues constituyen probablemente la primera causa de confusión en este campo. Así, Bourtembourg y Scornaux (1975), Janosch (1994) y Ruiz (1978), realizaron recomendables trabajos explicando el proceso de formación de huellas circulares por hongos (figs. 4 y 5).

A pesar de que un buen número de investigadores sean capaces de realizar un estudio riguroso sobre el terreno, teniendo en cuenta las anotaciones anteriores, el impedimento último suele ser, en numerosas ocasiones, la falta de una financiación o de recursos económicos con los que poder encargar un análisis complementario en laboratorio. La falta de aceptación de la ufología como una disciplina de merecido respeto ha originado este problema. No obstante, existen decenas de casos a lo largo del mundo cuya investigación sí cuenta con un análisis químico-físico, bioquímico o geológico sobre muestras de tierra o de las plantas afectadas en el escenario de un avistamiento OVNI. Estudios analíticos que en algunas ocasiones, han demostrado la existencia de claros procesos físicos actuantes sobre la zona afectada y asociados a testimonios insólitos.

Figs. 4 y 5. Marcas circulares originadas por la actividad de hongos.

 

HALLAZGOS Y MÁS DUDAS

A pesar de los problemas señalados a la hora de llevar a cabo una investigación analítica sobre posibles huellas OVNI, hay ciertos sucesos que sí han contado con la infraestructura necesaria para desarrollar profundos estudios sobre diversas muestras.

Uno de los exponentes más claros del estudio científico de los escenarios OVNI es el caso de Trans-en-Provence (Francia), estudiado por el GEPAN (Groupe d'Étude des Phénomènes Aérospatiaux Non-identifiés/Grupo de Estudios de Fenómenos Aeroespaciales No identificados), la unidad ufológica del CNES (Centre National d'Études Spatiales/Centro Nacional de Estudios Espaciales) (CNES/GEPAN, 1983). El encuentro cercano sucedió el 8 de enero de 1981, fecha en la que Renato Nicolai presenció el descenso y posterior partida de un extraño objeto con forma de disco que presentaba una especie de anillo central alrededor (fig. 6) y emitía un ligero silbido. En el terreno quedó un círculo de 2,20 m de diámetro rodeado de una corona de 0,10 m de espesor.

Fig. 6. Reconstrucción gráfica del avistamiento de Trans-en-Provence. (Imagen: Lumières Dans La Nuit, 207, 1981)

En diferentes campañas acometidas el 9 y 23 de enero por la Gendarmería, y el 17 de febrero por el GEPAN, se recogieron muestras del suelo afectado y de las inmediaciones, además de diferentes ejemplares de la vegetación del lugar desde el centro de la huella hasta 10 m de distancia de la misma, junto con otras dos muestras de control situadas más alejadas, concretamente a 20 m de distancia del centro del círculo. Se realizaron análisis de la tierra en cinco centros diferentes (incluyendo la Universidad Paul Sabatier en Toulouse y la Universidad de Metz), determinando la existencia de los siguientes procesos o características:

- Una fuerte presión mecánica.
- Modificación de la estructura superficial del terreno (estrías de erosión).
- Acción térmica por fricción de menos de 600° C.
- Pequeño aporte de hierro u óxido de hierro (Fe/FeO), fosfato (PO4) y cinc (Zn).

Además, el análisis de las muestras de vegetales a cargo del bioquímico Michel C. L. Bounias (CNES/GEPAN, 1983; Bounias, 1990) en el Laboratorio de Bioquímica del Instituto Nacional de Investigación Agrícola, conllevó la determinación de:

- Una disminución en la concentración de los pigmentos fotosintéticos claramente relacionada con la proximidad de las muestras al epicentro de la huella (fig. 7).
- Un contenido de glúcidos y aminoácidos en las hojas jóvenes similar al de las hojas viejas.
- Existencia de efectos fisiológicos que implicarían modificaciones en el metabolismo de los vegetales.

Fig. 7. Trans-en-Provence: modificación cuantitativa de las Clorofilas A y B en función de la distancia al centro de la huella. (Imagen: CNES/GEPAN, 1983)

Según Bounias, algo insólito tuvo lugar, siendo una fuente de radiación electromagnética la causa más probable para dichos efectos.

A pesar de que la profundidad y seriedad de esta investigación parece estar fuera de toda duda, posteriormente aparecieron versiones escépticas (Maillot, 1996; Maillot y Scornaux, 1997) mencionando ciertas incoherencias en el testimonio de Nicolai, denunciando defectos en el protocolo de recogida de muestras y exponiendo las críticas que un fitopatólogo belga anónimo hizo sobre los estudios de Bounias. Finalmente, se proponían dos posibles explicaciones: una broma inspirada por un helicóptero que se le habría ido de las manos al testigo, o efectos secundarios en el tratamiento médico que Nicolai estaba tomando (pues estaba enfermo del corazón), que le habrían imposibilitado la correcta identificación del helicóptero. Así, según estos trabajos, en el origen de la huella habría intervenido el paso de vehículos sobre el terreno.

No obstante, a pesar de dichas críticas nadie hasta ahora ha podido refutar los diversos análisis de laboratorio llevados a cabo en torno al suceso francés, los cuales demuestran fehacientemente la existencia de efectos físicos inusuales ligados a un testimonio bien estudiado. Además, la reencuesta del caso llevada a cabo por ufólogos del grupo CISU en 1998 (Fiorino y Leone, 1999; Leone, 2000), descarta sin lugar a dudas las explicaciones escépticas mencionadas. Sin embargo, el siempre carácter enigmático de una disciplina como la ufología y la dificultad de desarrollar un método científico a la hora de trabajar con hipótesis, llevan como consecuencia la crítica y duda sobre sus investigaciones, algo a lo que no escapan ni los casos aparentemente más sólidos.

Otro ejemplo de lo anterior es el caso de Socorro (Nuevo México, Estados Unidos), sucedido el 24 de abril de 1964, cuando el agente de policía Lonnie Zamora observó la presencia en tierra y posterior despegue de un objeto blanquecino de forma oval y cuatro patas que lo soportaban en el suelo, además de dos humanoides junto al artefacto. Las huellas dejadas en el lugar por el objeto (fig. 8), incluyendo ciertas evidencias de calcinación, han sido bien expuestas y analizadas geométricamente en diferentes trabajos, los cuales concluían que un ingenio de diseño muy avanzado había estado posado sobre el terreno (Powers, 1966; Stanford, 1976; fig. 9), y que el peso ejercido sobre cada una de las cuatro depresiones halladas era de al menos 1 tonelada (Powers, 1966). Sin embargo, críticas recientes (Bragalia, 2009) catalogan el caso como una broma gastada al policía por estudiantes del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México.

Por tanto, queda de manifiesto que a pesar de la probada componente física que presentan muchos casos OVNI, lo cual implica la existencia de un fenómeno físico tras el origen de muchos informes, la aparición de hipótesis escépticas sobre el carácter desconocido de ese fenómeno es siempre esperable.

Fig. 8. Una de las huellas halladas en Socorro en 1964, supuestamente perteneciente a una de las patas que sustentaban el objeto. Las piedras que la rodean fueron colocadas a modo de protección por los investigadores. (Fotografía: Sargento Chávez).

Fig. 9. Estudio geométrico de las huellas de Socorro. (Imagen: Stanford, 1976)

 

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Como se ha expuesto, toda una laguna de defectos y dudas rodean al estudio de las huellas en casos OVNI. ¿Es esto suficiente para afirmar que en realidad no existe un solo suceso cuya explicación no pueda ser más o menos convencional? Definitivamente no.

Se han enumerado diferentes catálogos de este tipo de casos que manifiestan el carácter global de la problemática. La existencia de eventos que además de huellas físicas contienen otro tipo de efectos asociados al fenómeno avistado, como alteraciones electromagnéticas en los aparatos o respuestas fisiológicas en los testigos, eleva el nivel de extrañeza de esta clase de casuística y dificulta en gran medida su explicación mediante fenómenos conocidos.

Sin duda, los reportes de huellas sobre el terreno deben considerarse en conjunto con el testimonio de los testigos, por lo que si este último es bien estudiado y se determina convincentemente su carácter insólito, la existencia de marcas en el lugar del suceso hace aumentar considerablemente la importancia del mismo. Además, en el caso de encuentros cercanos con descripciones medianamente detalladas de objetos con componentes estructurales o presencia de entidades extrañas, el hallazgo de depresiones o zonas quemadas (especialmente si el descubrimiento se da inmediatamente o en las horas siguientes al encuentro) representa un soporte fundamental y convierte al encuentro en un reporte prácticamente imposible de explicar mediante un fenómeno o procesos conocidos.

Habrá que esperar a que futuros casos permitan una mayor aplicación del análisis científico, para ver si los estudios de laboratorio permiten no sólo refrendar la clara impresión de la existencia de una componente física ligada a un fenómeno desconocido por la ciencia, sino también hallar quizás sustancias o efectos insólitos que despierten el interés científico por el tema.

 

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