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EL RAYO EN BOLA COMO EXPLICACIÓN OVNI

Víctor Martínez (2008)

 

INTRODUCCIÓN

El fenómeno atmosférico conocido como centella, rayo globular, rayo en bola, o ball lightning (Fig. 1.), es uno de los numerosos procesos naturales que en ocasiones han sido causantes de falsos OVNIs (AA. VV., 1997). Tal es así, que existen en la casuística ufológica numerosos avistamientos considerados inexplicados, que podrían enmarcarse fácilmente dentro de este fenómeno.

Como ejemplo de ello, en el presente trabajo se va a detallar un suceso ocurrido al autor del mismo, en el cual se observó con total claridad un cuerpo luminoso cuyas características lo incluyen, con toda seguridad, dentro del fenómeno del rayo en bola.

Fig. 1. Fotografía de un rayo en bola tomada por un estudiante en Nagano (Japón), en 1987.

Este trabajo no tiene por objetivo definir las numerosas características y sus amplias variables de los rayos en bola, debido a que las mismas ya han sido tratadas en un amplio listado de literatura científica, así como en trabajos ufológicos que se han encargado de reunir y condensar los diferentes datos expuestos en los anteriores. De estos trabajos dirigidos a interesados en la temática OVNI, destacan los de Durham (1969), Ares (1978), Ballester (1984), y Ruiz (1990), quienes aglutinaron los aspectos generales del proceso atmosférico con el fin de que fueran tomados en cuenta a la hora de intentar explicar supuestos avistamientos OVNI. Para ejemplificar esto, se presenta un grabado (Fig. 2) en el que se muestra uno de estos rayos en bola, y que fácilmente podría ser catalogado como OVNI en ausencia de los nuevos conocimientos científicos.

No obstante, y aunque como se comenta no se va a repetir lo ya escrito por otros, sí se considera preciso ofrecer una definición básica del rayo en bola (Morey, 1997): "fenómeno atmosférico con apariencia de esferoide luminoso, de naturaleza aún no bien determinada pero presuntamente asociada al relámpago común".

Fig. 2. “Globo de fuego descendiendo en una habitación”. (Imagen: Hartwig, G.: The Aerial World. Longmans, Londres, 1874)

UNA EXTRAÑA OBSERVACIÓN

El domingo 7 de agosto de 2004, el autor del presente artículo regresaba hacia Zaragoza después de pasar un fin de semana en casa de unos familiares, en la provincia de Soria. Este viaje se realizaba en medio de una fuerte tormenta, con numerosos rayos o relámpagos. El autor se hallaba situado en el asiento posterior izquierdo del coche, por lo que al no estar conduciendo se pudo observar mejor el fenómeno que se relata a continuación.

Sobre las 22:35 horas, hallándose el coche en la Autovía del Nordeste o A-2, unos 7 km antes de llegar al desvío hacia Calatayud, un servidor se percató de la presencia en el cielo, en dirección N y a unos 70º de elevación, de una extraña luz (Fig. 3.) que aparentaba estar a gran altura. Dicha luz era esférica, de color blanco-azulado, y de una intensidad luminosa algo menor a la que muestra el planeta Venus en el firmamento. En cuanto a su tamaño aparente, éste era aproximadamente el de Venus en sus valores bajo-medios (el planeta oscila entre 10" y 64", según sus cuartos creciente y menguante y su distancia a la Tierra), estimándose, de manera meramente orientativa, en unos 20". La luz, nada más verla, ya aparecía desplazándose en trayectoria aparentemente rectilínea y de forma lenta, en dirección SE-NW. Al cabo de unos segundos, la luz desprendió un gran fogonazo blanquecino a su alrededor y de un color rojizo en su punto más interior. Inmediatamente después de ocurrir esto, hubo un fuerte relámpago (producto de la tormenta), y tras desaparecer éste, la luz ya no era visible. No se oyó nada más que no fuera el ruido del motor del coche y el de la tormenta. La duración total de la observación de la luz se estima en unos 7 segundos.

Respecto a las condiciones reinantes, debido a la fuerte tormenta existente, la visibilidad del cielo era bastante mala.

Fig. 3. Dibujo del aspecto del cuerpo luminoso observado por el autor. (Archivo: Víctor Martínez)

ANÁLISIS DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA LUZ OBSERVADA

Como se ha comentado, las características del cuerpo luminoso descrito en la observación lo encuadran sin lugar a dudas en los llamados rayos en bola. Para llegar a esta conclusión, se hace conveniente repasar una a una dichas características y compararlas con las pertenecientes al fenómeno atmosférico, con el fin de ilustrar la conveniencia de realizar esta tarea en el supuesto de observaciones similares, lo cual puede servir para explicar adecuadamente supuestos avistamientos OVNI y depurar por tanto la casuística ufológica.

Forma y color

En primer lugar, la forma esférica de la luz avistada se presenta como la geometría más habitual del rayo en bola, de acuerdo a las conclusiones defendidas por la inmensa mayoría de los científicos que han estudiado los catálogos de este tipo de observaciones, aunque hay que reseñar que existen numerosas variaciones en las formas reportadas (Fig. 4). Respecto a su color blanco-azulado, conviene citar el siguiente texto de Ballester (1984): "los colores mayoritariamente se hallan en la región del espectro entre el amarillo y el rojo, o son combinaciones de azul y blanco". No obstante, existen ciertas controversias en cuanto al color más común de los rayos en bola, tal como explican trabajos ufológicos como el de Ares (1978) o el de Ruiz (1990).

Fig. 4. Fotografía de un supuesto rayo en bola tomada en Sankt Gallenkirch, Vorarlberg (Austria), en 1978. (Fotografía: Werner Burger)

Tamaño

Según comenta Ares (1978) en base a los datos proporcionados por cuatro estudiosos del fenómeno atmosférico, el diámetro que con mayor frecuencia se da (en un 25% de los casos) es el comprendido entre los 20 y los 30 cm, aunque obviamente existen casos de tamaños menores e incluso mucho mayores, llegándose hasta varios metros. Por otro lado, Ruiz (1990) pondera los datos ofrecidos por otros cuatro autores (dos de ellos ya se incluyen en el estudio de Ares), obteniendo un diámetro promedio de 35 cm.

Como se decía en la descripción del "avistamiento", el autor tuvo la impresión de que la luz se hallaba a bastante altura, probablemente a unos 2500 m. Así, tomando los 70º de elevación de la luz, se puede calcular la distancia a ésta en línea recta en unos 2660 m. Considerando la cifra orientativa de los 20" de tamaño aparente de la luz, y la distancia calculada, puede aplicarse la siguiente fórmula para obtener el diámetro real aproximado de la misma:

D= L x tgα

donde D= diámetro real; L= distancia luz-autor; α= tamaño aparente en grados

El resultado que se obtiene es de 26 cm de diámetro; en definitiva, un diámetro que se incluye perfectamente dentro de los tamaños medios de los rayos en bola. De cualquier manera, este punto debe ser tomado con muchas reservas, pues los datos de altura (2500 m) y de tamaño aparente (20") de la luz, son únicamente cifras orientativas, y podrían estar bastante equivocadas. Esto pone igualmente de manifiesto la cautela con la que hay que tomar ciertas distancias proporcionados en los casos OVNI, especialmente cuando los mismos han sido estimados sin ayuda de ningún elemento del paisaje, como es el dato de altura del presente suceso. En conclusión, y teniendo en cuenta que estos posibles errores de estimación producirían cambios en la dimensión real calculada de la luz observada, la correlación de esta característica de la presente observación con la de los rayos en bola debe tomarse con precaución, no siendo válida a efectos científicos dado el amplio margen de error.

Continuando con las dimensiones de los rayos en bola, conviene hacer aquí un inciso en el análisis de las características de la luz observada en 2004, para citar un estudio de Ballester (1978) en el que se muestra que el fenómeno OVNI auténtico en conjunto no es explicable mediante apariciones de rayos en bola, como opinaron críticos como Klass (1968), quien ya recibió en su día réplicas por este tema (Bowen, 1968). Así, en base a 79 casos de aterrizajes de OVNIs en los que se había proporcionado el dato de dimensión del fenómeno observado (de un total de 200 del catálogo), Ballester llegó, entre otras, a la conclusión siguiente: "el rango dimensional del fenómeno OVNI es, al menos, de orden diez veces superior al correspondiente a los casos de rayo en bola; más específicamente, podemos afirmar que el intervalo de diámetros de los objetos no identificados empieza donde termina el del rayo en bola".

Movimiento

En cuanto a su movimiento, aunque el cuerpo luminoso se desplazaba de forma rectilínea, los rayos en bola pueden desplazarse con multitud de movimientos distintos, incluyéndose los más complejos como en espiral, ascenso hacia el cielo o descenso hacia tierra, además de los más simples como el incluido de la presente observación. Igualmente, también existen casos de rayos en bola estacionarios.

No se profundizará en aspectos numéricos referentes a la velocidad de desplazamiento, pues si bien la apreciación del autor es que la luz se movía de forma "lenta", no hay ninguna referencia para cuantificar esta velocidad y poder compararla con las estimadas por diversos científicos.

Desaparición y sonido

La forma de desaparecer de la luz es en este caso la más común de las existentes en los rayos en bola. Ésta es, la desaparición mediante una explosión, que se caracteriza en la presente observación por un fuerte fogonazo de luz blanca, y rojiza en su punto más interior, según la apreciación del autor (Fig. 5.). Esta aparición de color rojizo en el interior podría estar relacionada con los cambios de color documentados en la casuística de los rayos en bola, que en este caso sería, al parecer, fruto de la explosión.

En cuanto al sonido de esta explosión, aunque se sabe que los rayos en bola sí lo emiten (incluso cuando se hallan en movimiento antes de desaparecer), en esta ocasión no se pudo escuchar nada debido a varios factores, como eran el motor del coche, la lejanía de la luz, y sobre todo, el constante sonido de la lluvia.

Fig. 5. Dibujo del momento en que el cuerpo luminoso observado por el autor lanzó un fuerte fogonazo. (Archivo: Víctor Martínez)

Duración

La duración de la observación fue de 7 segundos aproximadamente, por lo que entraría perfectamente en el rango de tiempos de los rayos en bola, cuya duración media es de unos 5 segundos, pudiendo llegar a ser de varios minutos. De todas maneras, hay que resaltar que cuando el autor se percató de la presencia de la luz ésta ya existía como tal, por lo que esos 7 segundos constituyen únicamente el tiempo de observación, ignorándose el tiempo de vida real del fenómeno observado.

Ambiente de formación

Por último, hay que reseñar el hecho más notable de la observación, aquella que la enmarca definitivamente dentro de la explicación del rayo en bola. Este hecho es sin lugar a dudas la existencia de una fuerte tormenta cuando tuvo lugar la observación. Y es que, aunque no todos los científicos se ponen de acuerdo en relacionar la génesis del rayo en bola con las descargas eléctricas (se han dado estos fenómenos sin relación con tormentas, cuestión que hay que tener muy en cuenta), sí hay unanimidad en que la gran mayoría han sucedido durante el desarrollo de actividad tormentosa.

 

CONCLUSIONES

A lo largo de este artículo se ha detallado la observación realizada casualmente por el autor en 2004, analizando las características de la luz observada, y comparándolas con las presentes en los rayos en bola.

Se pretende que la exposición realizada pueda servir de ejemplo a la hora de catalogar sin miedo otras observaciones parecidas como "rayo en bola", en vez de asignarles el calificativo OVNI sin analizar concienzudamente todos los datos disponibles.

Sin embargo, no todo es tan fácil como parece; existe una casuística mucho más compleja que la del caso aquí relatado, lo que ha elevado aún más la dificultad de separar estos hechos del fenómeno OVNI, posibilitando multitud de teorías acerca del posible origen no natural de estas esferas luminosas (o parte de ellas) y una supuesta relación de las mismas con los OVNIs (Creighton, 1972). De todas formas, a juicio del autor, es seguro que buena parte de estos hechos más complejos también pueden explicarse mediante el fenómeno del rayo en bola, dados los amplios rangos de variación de sus características que han documentado los científicos, especialmente en lo referente a sus movimientos. Para esto, conviene que el lector o investigador interesado acuda a los catálogos de este tipo de casos, tales como los presentados por Cade (1967), Ballester (1984) y Ballester y Fernández (1987). En estos sucesos, el lector comprobará la gran variedad de aspectos, movimientos, tiempos, y efectos producidos, que pueden ocultar la manifestación de un rayo en bola.

 

BIBLIOGRAFÍA

AA. VV. (1997): Naturaleza oscura: los diversos fenómenos naturales. OVNI Dossier X (Roberto Pinotti, Dir.), II (Nosotros y los OVNIS), Ed. Orbis, 45-48.

 

ARES, F. (1978): Rayos globulares. Descripción de algunas de sus características. Stendek, 33, 30-37. (Disponible en: http://www.telefonica.net/web2/cei/TStendek/N33/STE33A01.htm).

BALLESTER, V.-J. (1978): OVNIS: el fenómeno aterrizaje. Plaza & Janés, Barcelona, 242-248.

BALLESTER, V.-J. (1984): Investigación ovni. Plaza & Janés, Barcelona, 1984, 187-212.

BALLESTER, V.-J. y FERNÁNDEZ, J. A. (1987): Enciclopedia de los encuentros cercanos con OVNIS. Plaza & Janés, Barcelona, 239-270.

BOWEN, C. (1968): All Fireballs? Flying Saucer Review, 14(4), 35.

CADE, C. M. (1967): Fireballs and Flying Saucers. Flying Saucer Review, 13(1), 10-12.

CREIGHTON, G. (1972): Some thoughts on "Thinking Globes". Flying Saucer Review, 18(3), 23-24

DURHAM, A. (1969): UFOs and Ball Lightning. Flying Saucer Review, 15(1), 25-26.

KLASS, P. (1968): UFOs: identified. Random House, Nueva York, 290 pp.

MOREY, M. (1997): Rayo en bola. Diccionario Temático de Ufología (Matías Morey, coord.), Fundación Anomalía, Santander, 321-323.

RUIZ, L. (1990): Centellas o Rayos en Bola. Cuadernos de Ufología, 7 (Segunda Época), 4-18. (Disponible en: http://www.anomalia.org/perspectivas/ci/centellas.htm).

 

 


 

Este artículo fue publicado originalmente en 2008 en Mundo Parapsicológico.